Otro frailejón más 


Sí, esta soy yo más o menos a las 3:00pm de ayer (2 de julio) intentando llegar a la cima del Páramo Chingaza para ver 3 de las lagunas más sagradas de nuestros antepasados, ecosistemas que juntos proveen el 80% del agua que consumimos en Bogotá, el agua más pura del mundo. 

Todo inició a las 7:00am cuando yo peinada y linda, pero sin chaqueta, ni sombrilla, ni impermeable salí muy feliz para mí caminata ecológica. En lo único que me preparé fue llevando mis mejores tenis, que pensé, me ayudarían a llegar feliz a la cima a tomarme fotos. 

Claramente no me esperaba lo que iba a suceder …. 

Todo inició a las 11am, más o menos, cuando nuestro bus se quedó atascado a casi 5km de donde iniciaba la caminata, así que tuvimos que comenzar a caminar desde ahí mientras comenzó a lloviznar. Cuando llegamos al inicio real de la caminata le pedimos a la montaña (yo le pedí a Dios) permiso para cruzarla y disfrutar de su belleza. Esa fue una de las 2 únicas veces que salió el sol. 

Lo que yo no sabía es que Dios iba a usar esta montaña como campo de entrenamiento para mi carácter y mi situación actual. Para la mayoría de los que me conocen no es un secreto que este último año ha sido uno de los más difíciles de mi vida y a veces parece que es demasiado… 

Ya con mi pelo mojado comencé a subir la montaña muy optimista. De repente, me di cuenta que mis tenis eran el peor error pues se deslizaban en cada paso que yo daba, de subida solo me resbalaba pero no me caía, al menos no totalmente. Cada vez que me caía, me reía porque imaginaba mi caída y se veía muy chistosa en mi mente, ahí se me empezó a ensuciar toda mi ropa. 

Ya casi llegando, sí me caí de frente y después quedé como la foto del inicio. No me podía limpiar la cara porque toda mi ropa y mis manos estaban llenas de barro y comenzó a llover muy duro. 

Cuando llegué a la cima los guías dijeron “los últimos (mi mejor amigo y yo éramos los últimos de los 60 que íbamos porque yo me resbalaba cada 5 pasos) serán los primeros”. Lo decían porque las lagunas no se veían por las nubes, pero cuando llegamos, de repente las nubes se corrieron y las pudimos ver. Tal fue el fenómeno que hasta salió un arcoiris 🌈. Yo sabía que Dios estaba detrás de esto. 

Para cuando llegamos al lugar de la foto, ya se habían tapado de nuevo, pero un guía, David, me dijo “súbete a esa piedra y verás que se destapa, tienes que terminar el proceso”. Entonces me subí a la piedra y al pasar como minuto y medio se despejó el cielo de nuevo. 

Recuerdo decirle a mi amigo que esta experiencia me recordaba los campamentos de mi colegio porque cuando estábamos embarrados y adoloridos nos enseñaban a ser humildes, valientes, a seguir luchando hasta el final. Eso decidí hacer, no solo porque quería sino porque me tocaba volver al bus. Mis manos me empezaron a doler y me las tapé con la bolsa de tela que mi amigo usa para hacer mercado y emprendimos la bajada (con el diluvio) … 

Ahí empezaron las caídas de verdad, no solo no paró de llover sino que 69 personas habían subido y bajado por un sendero como de 60cm de ancho. Era tal mi resignación que cuando caía en un charco me quedaba sentada esperando a que el paramédico, también David, me ayudara a levantar. Este hombre fue la voz de Dios en esa bajada, no paraba de darme ánimo de decirme que podía lograrlo “Vamos Maria Paula, tú puedes vamos a llegar”. Solo en una de las caídas, en la que me pegué más duro, le dije “quiero llorar”, él me levantó y me dijo “vamos a llegar”.

El resto de veces… solo me reía, les decía que yo era un frailejón más, yo destilaba agua! Les decía que si iba al Bronx me camuflaría, que ellos me habían dicho que no tuviera miedo de embarrarme un poco. Tanta fue la cosa que por el radio sonaba “cómo va la niña?” Mientras David me levantaba de algún otro charco… 

No voy a exagerar, pero creo que me caí por lo menos 30 veces, cuando me bajé del bus me dolían todos los músculos de mi cuerpo y no podía casi caminar (como en este momento sigo) pero a pesar de todo esto fue una muy, muy buena experiencia porque recordé algunas de las cosas más importantes … 

El Páramo Chingaza fue mi último campo de entrenamiento para aprender que no importa cuantas veces te caigas, sí te levantas y sigues caminando vas a llegar a la meta. 

Recordé que Dios me hizo feliz, que esa felicidad se contagia y que puedes atravesar la prueba más dura y difícil pero esa prueba va a ser un infierno o solo una prueba dependiendo de tu actitud. 

Recordé que no importa si llegas de último, el bus no se va a ir sin ti. Dios siempre te esperará por más que te demores. 

Recordé que aunque las personas de tu grupo vayan adelante y te dejen sola, siempre habrá alguien, Dios siempre estará ahí para decirte “tú puedes, vamos a llegar juntos”. 

Recordé que aunque la mayoría digan “pobre niña” o te miren o te juzguen, habrá otros que te digan “te admiro porque por más que te caíste y estás totalmente emparamada, llegaste y siempre tuviste la mejor actitud”. Ignora a los que te juzgan, sigue tu camino y demuéstrate a ti mismo de lo que eres capaz. 

El Páramo Chingaza me enseñó que la prueba la hace quién la atraviesa y que no está mal caerse y embarrarse, no importa cuánto tiempo dure o cuán difícil parezca, al final llegaras a una ducha con agua caliente y a una cama cómoda con cobijas, pero solo si te levantas 31 veces, sí sigues luchando, si te ríes de ti mismo, si aprendes de cada paso, si dejas de pensar en los demás, si entiendes que no se trata de llegar de primero, de llegar limpio, de llegar seco, se trata de no rendirse y de seguir luchando hasta el final. 

Yo otra vez defendiendo a los taxistas 

Todo el que me conoce sabe que tengo un serio problema cogiendo transporte público. Yo soy de esas que prefiere la comodidad y la seguridad, antes que la rapidez, es por esto que desde hace algunos años soy una usuaria frecuente de taxi y/o Uber.

Hace como 6 meses empecé a usar Uber porque me convencieron y la verdad es que siempre me ha ido tan bien con los taxistas que para mí fue un servicio muy similar. Con la única diferencia que no me podía ir atrás porque la policía puede molestar. Recientemente, volví a usar taxi y le diré lo que recordé o he pensado:

Lo primero es que creo que el problema de transporte en Bogotá no es culpa de Peñalosa, y sin meterme a hablar de las causas estructurales, creo que Uber, ahora es parte del problema, lejos de ser la solución.

A pesar de que sé que ha sido una alternativa al desempleo por el que atraviesan algunos y una fuente adicional de dinero para otros, la ola Uber ha generado la salida constante de algunos carros a las calles bogotanas y muchas personas han comprado carro para ponerlo en Uber. Además, obviamente, la demanda ayuda un montón. En especial en estos días de intensas lluvias donde abundan las carreras con tarifa dinámica.

Y déjeme decirle que Uber tiene sus baches. Esto lo pienso porque los conductores, así como los taxistas, son seres humanos. Me tocó el que me puso Metal todo el camino, el que habló por teléfono mientras yo leía, o los que me seguían la conversación a pesar de que mi rostro dijera “no quiero hablar”. Esto, además de que muchas veces me decía que el carro estaba a 14 minutos y llegaba a los 20.

Lo segundo que recordé, es que cuando uno generaliza un gremio o un sector o un grupo, está cayendo en un error muy grave y se vuelve un poco ignorante, teniendo en cuenta la ignorancia como la ausencia o la omisión de un conocimiento. Así como está el taxista gamín, los que tienen el taxímetro adulterado, los que … también existen taxistas (muchísimos) que hacen muy bien su trabajo.

Y lo digo porque a mí, en estos casi 3 años de coger taxi, nunca me ha ido mal. Siempre le pido a Dios que me mande angeles y siempre lo hace. Ahora, con la ola Uber me encuentro con taxistas que me piden que los califique bien en la aplicación, que qué tal me pareció el servicio, que si le bajo a la música, que si cambian la emisora, que cuál es la ruta que quiero seguir. Simplemente son seres humanos intentando hacer bien su trabajo.

Sí, admito que Uber ayudó a que ellos se avisparan y mejoraran su servicio. Pero también tengo que decir que mucho antes de la ola Uber ya existían muchísimos taxistas que además de ser los mejores psicólogos y politólogos, prestaban y prestan un muy buen servicio.

Por último, yo creo que en todos los grupos hay excepciones, tal vez muchas, pero la mayoría jamás podrá hablar en el nombre de todos. Una manzana podrida no representa a las otras. Es un error calificar un gremio por lo que hemos escuchado o incluso vivido. Es tiempo de que empecemos a resaltar lo bueno en medio de todo lo malo que vemos a diario.

Padres e hijos

Para mí, las relaciones padres e hijos pueden ser de tres maneras. Están los padres e hijos que son los mejores amigos por siempre, que se confían toda su vida, los detalles de ella y que confían el uno en el otro para recibir y aceptar consejos sobre los temas más sensibles de la vida. Por otro lado, están los padres e hijos que mantienen la distancia. Son buenos padres, pero no dan la confianza a sus hijos para confiarles todo lo que hacen. Son solo padres e hijos, no amigos.

Y por último, está el odio profundo que, por lo general los hijos, tienen hacia sus padres. Por su ausencia, por incumplir promesas, por juzgar antes de escuchar, y por miles de razones más …

Yo por mi parte he intentado mantener una relación del primer tipo con mis papás. Y ha sido bueno. No obstante, últimamente he pensado en la responsabilidad que tienen los padres al responder a las situaciones más sensibles de sus hijos.

Esto lo empecé a pensar antes de consumir, literalmente, en una semana, la serie 13 Reasons Why, en donde una adolescente deja 13 grabaciones explicando sus razones para tomar una decisión que nadie debería tomar en su vida, la de quitársela.

Hoy precisamente, después de ver algunas cifras del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses y ver las cifras del 2015, no solo me alarmé, sino que confirmé que ese dicho que dicen por ahí es muy cierto “los platos sucios, se lavan en casa”. Porque si vemos estas cifras, los platos sucios, están en casa (y bien sucios sí están).

Veamos un poco. Durante el año 2015 se produjeron en Colombia 2.068 suicidios. La mayor cantidad de casos está en los jóvenes entre los 15 y los 29 años, es decir jóvenes adolescentes, universitarios y profesionales recién egresados, o tal vez… jóvenes que querían ser universitarios y recién egresados y no lo lograron. Frente a esto el informe explica que “con respecto a la escolaridad predomina el bajo nivel de formación académica, más de la mitad (56,21%) de las víctimas solo cursaron educación preescolar y básica primaria; fue escasa la participación de muertes autoinflingidas en personas con formación universitaria (7,49%)

Otra cifra, dice que en el mismo año hubo 26.985 casos de violencia intrafamiliar, de los cuales 10.435 casos fueron por violencia contra niños, niñas y adolescentes. Casi el 70% de los casos fueron por violencia de los padres/madres hacia los hijos y el 70% de los casos se produjeron en casa. Y qué decir de los delitos sexuales, de las 22.155 valoraciones por presunto delito sexual registrados durante el año 2015, el 85% de las víctimas fueron mujeres y el promedio de edad de la violación está en 12 años.

Estas cifras dejan muchísimas conclusiones. Pero también muchas preguntas como ¿qué rayos nos está pasando como sociedad? ¿por qué nuestros jóvenes prefieren quitarse a vida, antes que seguir intentándolo? Y más allá de la Ballena Azul, me parece interesante que este sea “el año de moda” del tema del suicidio.

A mí me parece más una advertencia de que estamos perdiendo a nuestros jóvenes y niños, vemos cómo los perdemos delante de nuestros ojos y lo que hacemos es cerrarlos. Hubo algo de 13RW que me impactó y es que ella decía “algunos de ustedes hicieron cosas que me motivaron a hacer lo que hice, otros tenían la oportunidad de hacerme cambiar de opinión pero no hicieron nada“. Yo tengo pánico de ser de las que ve señales de alerta y las ignora.

Y lo que me motivó a hacer este post fueron dos razones. La primera que al ser una joven semi universitaria, profesional, recién egresada, he lidiado con el temor más grande de la mayoría de los jóvenes de este mundo, el temor al fracaso. En todo sentido, a no terminar la universidad, a no conseguir trabajo, a quedarme sola para siempre (porque sí, tenemos 20 y pensamos esto y mucho), a fallarle a mi familia, a mis amigos, a mí, etc. Pero últimamente, también he sentido que a pesar de que consigas todo esto, la presión es la misma. Si no puedes entrar a estudiar una carrera puedes llegar a sentir que no serás nadie en la vida, si lo logras y entras, puedes sentir que tal vez no sea lo que debiste estudiar, si lo es y la culminas, tienes miedo de no encontrar algo que te haga feliz o que tal vez no serás tan buen profesional como los que estudiaron y se graduaron contigo… El caso. Sea cual sea la situación, como jóvenes experimentamos una presión constante de pensar “qué tal que fracase” que por momentos, nos domina.

Creanme, en esta edad, en la que estás dando los pasos cruciales para definir lo que será tu futuro, hasta los pasos correctos se van a sentir inseguros. Sientes, que cada cosa que haces o dejas de hacer es como dar un paso en medio de un río que estaba congelado pero que está a punto de correr libre otra vez y tú estás en el medio.

Pero esto es algo de lo que uno como joven debe ser consciente, porque la batalla en la mente la debe ganar uno, nadie más lo va a hacer por ti. Por esto, es necesario definir qué cosas, por pequeñas que parezcan te motivan a seguir adelante, aceptar las derrotas, pero celebrar y recordar constantemente los triunfos y sobretodo, tener claro que nadie en este mundo es perfecto ni tiene una vida perfecta, por más que sus redes sociales digan lo contrario. Por esto mi consejo es no te compares, vive tu vida y vívela lo mejor que puedas y rodéate de personas que te hagan crecer, que te digan lo que necesitas escuchar y que te pongan atención, cuando lo necesites (sí, sí existen).

Pero la segunda razón, y la principal por la cual escribo esto es por la responsabilidad tan inmensa que creo tienen los padres de las decisiones que toman sus hijos. Si un padre o madre está leyendo esto, quiero explicarle, desde mi perspectiva claro, lo que yo creo que sucede en el cerebro de un joven promedio. Resulta que cuando uno se vuelve adolescente y conforme uno crece, se vuelve mayor de edad y empieza a experimentar “el mundo real” por sí mismo, pues nosotros pensamos que las decisiones que decidamos  (sí es redundante pero así es) tomar por nuestra cuenta son las que definirán nuestro destino, es por eso que evitamos que otros (por lo general ustedes) tomen decisiones por nosotros. A veces (muchas) tomamos las decisiones basados en su consejo, pero por lo general no nos entusiasma que ustedes lo sepan porque queremos pensar que es una decisión nuestra, no suya.

Conforme crecemos, comprendemos que a menos de que cometamos nuestros propios errores no aprenderemos a seguir el camino correcto. Porque si uno se basa en lo que le cuentan puede salvarse de una experiencia terrible o perderse una de las mejores de su vida. Por eso muchas veces no abrimos nuestro corazón para que ustedes opinen, porque sabemos que habrá ocasiones donde puede que reaccionen mal.

Si su hijo/a le pide consejos… usted es un padre en exceso afortunado y tiene una responsabilidad inmensa porque su respuesta puede desencadenar un montón de acciones buenas o malas por parte de su hijo. Si por el contrario, jamás le piden consejos pregúntese qué pasó la última vez que mi hijo/a me pidió un consejo, por qué razón no confía en mí de esa manera y tal vez eso lo guiará a la respuesta.

Yo tengo muchos amigos y amigas (dije muchos por mantener el anonimato pero no tengo tantos) que le mienten a sus papás cuando tienen planes que saben que sus papás no consideran adecuados. Como en la serie de 13RW hay muchos papás que creen que sus hijos son la mejor maravilla y que cada 8 días se quedan en la casa de Pepita a hacer el trabajo de … lo que sea. Y pues sí, hay hijos así, pero también hay otros que no. Hay papás que no tienen la menor idea de lo que hacen sus hijos porque suponen que son perfectos o porque sus hijos no tienen confianza en ellos para decirles lo que hacen o porque simplemente viven en su mundo y ni se molestan en preguntar.

Esta etapa nuestra es muy rara porque no queremos (en serio no queremos) que se metan en nuestras vidas. Porque en esta etapa empezamos a comprender eso, que es nuestra vida y que lo que pase ahora con ella nos compete a nosotros. Pero los necesitamos, son nuestros papás y siempre serán los mejores consejeros.

En conclusión (el artículo más largo) lo que quiero decir es, no queremos que nos celebren nuestros errores, no queremos que nos dejen botar por el barranco, o que nos feliciten por equivocarnos. Pero tampoco queremos que armen un drama y una escena, que nos echen de la casa, que nos saquen los trapitos al sol, o lo demás que se les ocurra cuando saben que hemos decidido tomar una decisión que es un error. Queremos que nos aconsejen, que nos adviertan, que nos guíen, que nos protejan, que sean nuestros padres (aunque nuestra actitud diga lo contrario), que nos cuiden, etc, pero también queremos que confíen en nosotros.

Por eso, piénselo dos veces antes de reaccionar frente a una decisión o un consejo que le pida su hijo, vea las señales de alerta, nadie es feliz solo en un cuarto oscuro las 24 horas viendo Netflix. Y a los hijos, démosle otra oportunidad a nuestros papás, a veces nos pueden evitar tragos amargos o nos pueden mostrar que de hecho confían en nosotros. Finalmente, como dice el slogan de este blog “todo va a salir bien, siempre sale bien”.

Don Gilberto

Él se llama Gilberto, nunca lo había visto antes y creo que jamás lo volveré a ver, pero si de algo estoy segura es de que jamás lo olvidaré.

Hoy, regresando de la ciclovía a unas pocas cuadras de mi casa, bajando un puente peatonal en mi bici un personaje se abrió en su bici de forma imprudente y yo, por no estrellarme con él, me corrí y me estrellé de frente con un bolardo en forma de cubo que brillantemente está ubicado al terminar el puente. Hoy, supe lo que se siente volar por un segundo, pero también lo que se siente estar cerca de la muerte.

Yo sé, lo sé, soy suuuuuuuuper exagerada, pero cuando dejé de volar, caí con toda la fuerza en el piso y por la velocidad no alcancé a reaccionar y mi pecho sufrió todo el impacto. Me ahogué, como nunca, no podía respirar y pensé por un momento “me voy a morir”. Pero saben una cosa? Dios me ama, y me cuida a pesar de mí y de mis errores. En ese preciso momento, una ambulancia pasó al lado, frenó en seco y los paramédicos salieron a mi rescate, lo único que pude decir cuando los vi fue “ayuda, ayúdenme”.

Eran tres, dos hombres y una mujer, el jefe me sostuvo y le dije “me voy a desmayar” y me respondió “tranquila, no te vas a desmayar, respira despacio”… cuando me desperté, lo primero que le dije fue “les dije que me iba a desmayar”. Estaba en shock, busqué mi celular y mi bicicleta, verifiqué que mis dientes siguieran en mi boca y volví a sentir que me iba y le dije “me voy a desmayar otra vez” él respondió lo mismo y cuando desperté le dije “les dije que me iba a desmayar otra vez”.

Después de algunos minutos mi pecho se abrió, pude respirar de nuevo, mi vista se mejoró y me dieron alcohol para oler en un pañito y una aromática en un envase plástico de jugo hit de mango. Fue más el shock que el golpe, aunque cuando mi cuerpo se empezó a enfriar me di cuenta que pudo haber sido mucho peor (me duele todo).

Pero no cuento esta historia para que me llame a saber cómo estoy, estoy bien, muy bien. Lo cuento porque quiero decir que Dios me ama, y no solo lo hace, lo demuestra. Él me ama aunque no lo merezca. Hoy no fue un código o una señal, fue una acción. La ambulancia pasó justo a mi lado y no sé qué hubiera sido de mí sin esos 3 paramédicos. Me pegué en el corazón y no podía respirar, y ellos, los que saben, acudieron desinteresadamente a ayudarme y me salvaron.

El man imprudente que me hizo caer, siguió su camino, no le importó nada! Así hubiera sido mi culpa, ni siquiera se detuvo para ayudarme a levantar, él siguió su vida mirando su ombligo.

Pero hubo alguien que sí se detuvo, Gilberto, él iba de afán camino a trabajar, pero se detuvo, cuidó mi bicicleta y espero a que me recuperara completamente. Yo insistía en que no llamaran a nadie porque estaba a pocas cuadras de mi casa y que iba a ser mayor el susto que cualquier otra cosa. Que yo me iba caminando. El debate duró varios minutos pero insistí, yo me iba a ir caminando.

Gilberto, fue más allá y de forma desinteresada y genuina me dijo “yo la acompaño hasta la puerta de su casa”. Me llevó mi bicicleta, se desvió de su camino, habló conmigo y me contó la historia de un accidente que tuvo en su bicicleta. Se rehusó a dejarme cerca a mi casa, me acompañó hasta mi portería y se fue. En el camino me dijo “cuándo nos volveremos a ver usted y yo? Nunca! Yo creo”.

Él es Gilberto. No sé cómo sea su vida, cómo sea en su casa, no sé qué haya pasado o hecho desde que nació hasta el día de hoy. Pero hoy, Gilberto me dio una lección de vida y jamás lo olvidaré. Él me ayudó sin conocerme, sin esperar nada, él dio más de lo que debía, él dio y no recibió. Él hizo lo que dice la Biblia, dar sin que nadie te vea, sin que nadie te lo pida, pero sé que va a pasar lo que también dice la Biblia. Él dio en secreto y será recompensado en público.

Por eso hoy le dije “no tengo nada que darle, pero estará en mis oraciones todos los días” y espero, que también en las oraciones de los que lean esto. Que en 5 minutos o menos le deseen a Gilberto lo mejor del cielo y de la tierra porque se lo merece. Alguien que da sin esperar nada a cambio, ni siquiera el reconocimiento, merece todo.

Hoy Gilberto cambió y salvó mi vida. Hoy Gilberto me enseñó algo que jamás olvidaré. Hoy Gilberto, fue el ángel que yo necesitaba y que Dios me mandó. Por eso hoy espero que Gilberto reciba lo mejor del cielo y de la tierra. Hoy le doy las gracias Gilberto, un millón de gracias.

“los que saben”

Bueno hoy 18 de enero de 2012 es un día loco, yo sé y digo que este siglo tiene ganas de tener más protagonismo que el siglo anterior.

Petro es el alcalde y Santos el presidente, la guerra vuelve a furor con las FARC y los “Urabeños”, se está impulsando la Ley SOPA para “proteger” los derechos de autor, pero está va a censurar todo como un país comunista, y yo casi me estrello.

Se supone que este año se acaba el mundo y como vamos no creo que sea por los mayas sino por los mismos humanos, ay nonono.

Hoy tuve la tercera clase de manejo de toda mi vida. La primera fu como a los doce años con mi mamá afuera del conjunto, aprendí a prender el carro y a arrancarlo.

La segunda fue hace unos años con mi papá y casi todas mis primas en Garzón, Huila, Colombia (por si acaso). (antes de relatarles mi clase de hoy, voy a relatarles lo que pasó ese 2 de enero de 2000 algo)

era un 2 de enero, eso lo recuerdo perfectamente, en la mañana tarde fuimos a un lugar retiradito en Garzón, éramos mi papá, dos primas, mi hermana mayor y yo aprendiendo a manejar.

El lugar tenía una vista a las piedras que recubren la montaña que da a un río que no se ni como se llamara, el caso es que estábamos toteados de la risa hahaha, y nos fuimos a almorzar a la casa, no se bien como fue la información pero mientras mis primas, mi hermana y yo fuimos a alquilar película, mi papá y mis tíos se fueron.

alquilamos una re contra porquería de película de terror japonesa. (cara de decepción) SI USTED SE AMA Y ESTÁ EN COMPLETO USO DE SUS CINCO SENTIDOS, O AL MENOS DE SU CORDURA NO VEA PELICULAS DE TERROR JAPONESAS O CHINAS NOOOOO.

ya, era un desahogue, el caso es que dure los tres meses siguientes sin poder dormir y como los tres años siguientes teniendo recuerdos en la noche, necesité ministraciones, de todo. que porquería de película.

Después de verla 😀 llega mi papá y mis tíos súper angustiados a contarnos que un vecino como de 20 años o menos estaba desaparecido en el río.

Yo estaba traumada por la película que acababa de ver y van y me dicen que a unos metros de donde yo ese día había estado aprendiendo a manejar se ahoga un joven. El resto de las vacaciones fueron incomodas pues dormir no podía y en mi familia crecía la preocupación por la familia vecina.

y bueno, esa fue la segunda vez que manejé.

Hoy fue distinto, salí con mi papá mas o menos temprano y aprendí mucho mas, en esa segunda vez llegué hasta segunda pero el carro se me apagaba mucho, hoy llegué hasta quinta, di curvas pase carros, ay no, fue muy divertido. solo que casi me estrello.

De ahí el titulo de este día de mi vida, resulta que voy feliz y campante manejando, lalalalalalaa, cuando dos taxistas se han parqueado en una curva a hablar, uno estaba en la otra acera y el otro estaba atravesado en la mía, intente voltear y al pánico mi papá me dijo “FRENA!” y frene, como a 20cm de uno de los taxis.

Mi susto fue catastrófico y le dije a mi papá que cambiáramos porque por lógicas razones no sabía que hacer y no iba a salir de ahí por mi sola. Cambiamos y el taxista menso va y dice “ay pasa” bruto menso ese, sí ahí pasaba un policía para ponerle un  buen parte por atravesado.

Mi papá si le dijo que ahí pasaba alguien que supiera manejar, y que entendiera que son dos personas “que saben” y decidieron ponerse a charlar de la economía mundial en medio de la calle, (bueno lo de la economía no lo dijo pero yo lo pienso haha) el caso es que en unas cuadras de conjunto, donde se supone que no se dan infracciones, pues fíjese que vi que “los que saben” no es que sepan de a mucho.

Claro como todos ellos ya sabían manejar pues parqueaban donde caían, tapaban la visibilidad en la salida de carros de los conjuntos, no ponían ni direccionales ni estacionarias, nada.

Eso pasa también por la falta de cultura ciudadana, todos quieren pasar primero, llegar primero hacer primero yo, segundo yo, tercero yo y después yo y de último yo. no se si me di a entender.

Pero bueno, de todo se aprende.

Ese hasta ahora es mi día de hoy en el cual la Registraduria me dice que mi cedula ya está lista y mañana seré oficialmente mayor de edad en mi país, con documento en mano.

•26.09.2016•

Todo el que me conoce sabe que este es y será uno de los mejores días de toda mi vida. He seguido este proceso de cerca y poder estar aquí hoy es un sueño cumplido. 
Sé que alrededor de este proceso hay todo tipo de opiniones y yo, personalmente, no soy quién para dar una. Simplemente porque yo no he vivido un solo día de la guerra o algo que se le parezca. Lo he tenido todo en la vida y más. 

Pero lo que me asombra es que este proceso es la esperanza de muchos colombianos y colombianas, que a diferencia mía, no solo han vivido la guerra sino que la han sufrido y la guerra les ha quitado mucho y en algunos casos, todo. Pero lo que me sorprende es que más allá de buscar a estos personajes en videos o leer sus historias en libros, mi trabajo me ha permitido conocer a muchos de ellos de frente, personas de carne y hueso que a pesar de haber vivido la guerra prefieren apoyar la paz, esta paz, por imperfecta que sea. 

Hoy es el inicio de más retos que cualquier otra cosa, hoy es el inicio de lo que podría ser una nueva historia en este país. Hoy estoy aquí sabiendo que esta firma no significa que todo a partir de mañana va a ser perfecto, todo lo contrario. 

Hoy estoy aquí para ratificar mi compromiso de construir un nuevo y mejor país, que no me asusta que otros colombianos, como yo, vuelvan a tener una vida y una familia, que me esperanza saber que muchos hoy dejarán de tener miedo y que quiero ser parte de esos que están dispuestos a poner sus manos para cambiar las cosas. 

Hoy, desde aquí, desde el lugar privilegiado que siempre he tenido, lejos de la guerra, invito a todos los que están en mi posición a que no piensen solo en ustedes, que pase lo que pase seguirán viendo la guerra por televisión, sino en aquellos que no conocen un país en paz. 

Es nuestra oportunidad de levantar una generación para la cual la guerra no sea un estado natural. Hoy, tenemos la oportunidad de levantar una generación que prefiera el perdón y la reconciliación sobre las armas. Y solo depende de nosotros hacerlo. 

Por eso hoy le digo #AdiósALaGuerra y #SíALaPaz 

Ay el amor … 

El amor es el tema del que más hablo últimamente. No sé si es mi edad o mi estado civil o mi círculo social, pero siempre terminamos hablando del amor. 

Últimamente, he visto también, muchas parejas que no se aman ni están enamoradas, y no piensen que son parejas adultas de las que generalmente se cree que están juntas por el mero compromiso y costumbre, no. He visto parejas jóvenes, de novios, en transmilenio, en la calle, en general, que están pero no están. 

Hace algunos días puse un tweet que decía “una cosa es enamorarse, otra que se enamoren de uno y otra muy diferente es que pasen las dos cosas al tiempo” y creo que cada día confirmo más ese pensamiento. 

Pero lo que realmente pienso de todo esto es que tanto hombres como mujeres, hoy en día, nos hemos dejado llevar por la perfección del amor, que en realidad existe, pero no como la esperamos. Me explico… La mayoría esperamos a la pareja perfecta (en todo sentido) que aparezca un día y sepamos “esa o ese es”. 

A veces pasa, historias existen, pero no son muy comunes. Otros, deciden ir por una vía que para mí es mucho más dañina y es “probar la mercancía”, como dicen por ahí. Muchos se cuadran “a ver qué..” Y esas son las relaciones en las que uno de los dos está súper tragado y el otro lo intenta, o que se cuadran porque “no hay nadie más” o porque hay un gusto y “vamos a probar” y después de haber intercambiado sentimientos y emociones por algún tiempo, los sigue uniendo, el mero compromiso y costumbre. (No es la regla general, pero ocurre y mucho)

Yo, soy una fiel creyente del amor, algunos dicen que estoy buscando mi hombre ideal en el 2% de la población y que soy de las primeras, que espera un hombre perfecto de repente. Pero, es porque creo que el amor sí puede ser perfecto, pero no las personas. Algunos confunden la claridad con la exigencia y es porque saben que el día en que yo me cuadre lo haré por amor y no por resignación o por “prueba y error”. 

Yo creo que sí existen parejas que están destinadas a estar juntas y lo entendieron. También creo que una relación no debe medirse por cuánto dá cada uno, y creo que el amor perfecto se puede y debe darse entre personas imperfectas. Creo que el amor consiste en amar los defectos y las virtudes y de estar con esa persona que te hace sentir que cumplirás tus sueños y los suyos y serán felices. Sé que no todo es perfecto, que hay desacuerdos y peleas, pero sé que es más llevadero cuando hay amor y no cuando hay frustración o resignación o peor… Un mero gusto que lleva a la costumbre. 

En conclusión, el amor es lo que cada persona concibe de él. Siempre se hablará de él, pero creo que nadie podrá algún día entender la fórmula perfecta. Solo resta esperar a que todos podamos ser felices y comamos perdices. 

Lo que no decimos pero morimos por decir 

Hace mucho que no escribo y no quería dejar pasar este día sin desahogarme conmigo misma y con quién quiera que me lea. 

Hoy concluí que los seres humanos, en general, nos complicamos demasiado. La vida sería tan fácil si dijéramos lo que pensamos, sin tapujos. (Obvio no). 

A veces, nos gastamos más tiempo pensando en las consecuencias de lo que queremos decir y no decimos, que en la realidad misma. 

A veces, ese pensamiento se justifica en que no vale la pena perder una amistad por decir algo, pero nos frustramos pensando ¿qué tan malo sería? ¿En realidad sería tan malo? ¿Qué tal que sea bueno? Pero ¿y quién quiere averiguarlo? 

A veces, tenemos tanto al rechazo de nuestra pregunta, respuesta o intervención que callamos miles de pensamientos que forman miles de muros entre nosotros y los otros, muros inquebrantables y que permanecerán solo en nuestro silencio. 

Hoy, admiro a todos aquellos que se han atrevido a hablar y a expresar a pesar del temor. Los admiro y los envidio porque yo hoy quisiera poder hacer lo que ellos hicieron sin que las consecuencias fueran catastróficas. Pero así como le temo a las agujas y las evito, evitaré las consecuencias y seguiré siendo como muchos (al menos en este aspecto) y esperando el día en que la valentía venza la cobardía y las palabras me salgan sin remordimiento. 

Por ahora, que Dios y el tiempo decidan. 

No hay nada mejor que la invisibilidad 

Antes no comprendía las ventajas de ser invisible. Y esto no tiene nada que ver con la película o el libro, es más una pregunta que siempre me hice.

¿De qué sirve ser invisible? Parece que siempre tienen más ventajas los que son visibles. Sin embargo, hay algo mágico en la invisibilidad.

Ser invisible te permite hacer cosas en la clandestinidad sin ser juzgado ampliamente. Puedes decir cosas que no son en serio, hacer chistes y cometer errores sin que la sociedad te condene.

Pero lo que más me gusta es que ser invisible te permite aprender qué hacer y qué NO hacer cuando seas visible. Qué actitudes van a permanecer y cuáles van a cambiar cuando estés en una posición de influencia y qué actitudes debes evitar repetir o imitar de los que hoy están sobre ti para no recibir malos deseos constantes.

La ventaja de ser invisible es que te permite darte cuenta de quién es humilde y quién es orgulloso. De quién se te acerca por gusto y quién lo hace por interés.

Ser invisible es un estado temporal que no tiene nada que envidiarle a la visibilidad. Un estado en el que se debe aprender humildad y honestidad, actitudes que deben permanecer para sobrevivir en la visibilidad.

La invisibilidad te permite ver qué es lo que realmente importa y quienes son las personas que vale la pena tener alrededor. Ser invisible te permite convertirte en la persona visible que debes ser.

Dejemos de echarle la culpa a las FARC 

Hoy, salí de mi trabajo a coger transporte público para llegar a mi hogar y tuve que presenciar una escena que me impactó. Aunque para muchos es normal, un taxista, gremio al que aprecio bastante, cerró a una camionetica mini de esas que llevan mercancía. Ante esto, los dos pasajeros de la camioneta salieron a “alegarle” al taxista y este salió también del taxi. Yo en ese momento ya era parte de los cientos de espectadores que esperábamos “el espectáculo”. 

Pero lo que me impactó es que de un momento a otro, el conductor de la camioneta se devolvió a su carro y sacó un puñal para “amenazar” al taxista. Afortunadamente, hay un CAI al lado y llegó la policía y yo seguí mi camino. No obstante, un sentimiento de indignación profunda me acogió. 

Inmediatamente recordé los recientes hechos en los que una persona mató a unos ladrones y se justificó como defensa propia. Hecho que es en exceso polémico y no quiero profunizar. Pero hecho que, contrario a lo que yo pensaba, fue súper celebrado y aplaudido en redes sociales. 

Estamos en una sociedad cuya justicia es tan ineficiente que las personas prefieren hacer justicia “a mano propia” para sentirse satisfechas. Y no sólo la prefieren sino que están dispuestos a efectuarla. 

Dandole honor al título. Quiero traer a colación que estamos en un país en extremo polarizado por el tema de “La Paz” o pues al proceso que se está desarrollando en La Habana. Debo decir que yo estoy totalmente de acuerdo con este proceso, pero ese no es el punto ni el objetivo de este artículo. Creo que en este punto ya usted debe saber si está de acuerdo o no. 

El caso! Es que YO creo que en este país, en este momento, todo es culpa de Santos o de las FARC o del Gobierno. Y en tema de seguridad… Peor. 

Pero lo que pocos saben es que por lo menos desde el año 2005 el conflicto armado NO es la principal causa de la violencia en Colombia. Y cada año ha sido desplazada por la que ahora es la protagonista fanstama de la violencia en Colombia, la “violencia interpersonal”. 

Según las cifras del Instituto de Medicina Legal la principal causa de la violencia en Colombia es la violencia interpersonal. Y lo más “sorprendente” es que entre los mayores agresores se encuentran las parejas o exparejas, amigos o vecinos y/o familiares… 

Tanto que hablan del hurto a celulares, pero no sacan noticias del alarmante aumento de delitos como la violencia intrafamiliar, los delitos sexuales y las lesiones personales, que no sólo está aumentando en Bogotá, sino en todo el país. 

Así que … Dejemos de echarle la culpa a las FARC de toda la inseguridad en Colombia, dejemos de culpar al Gobierno, etc. No porque tengamos que estar de acuerdo, sino porque parte del problema somos nosotros. 

Somos nosotros porque nuestro mayor problema es que no sabemos cómo convivir. No podemos vivir sin matarnos. Así que de qué sirve que se “termine” el conflicto de forma negociada si nosotros nos tratamos a los golpes, de qué sirve que se acabe el “conflicto” si se desarrollan miles de conflictos diferentes en toda Colombia que hoy generan más muertos. 

Dejémonos de tapujos y quitémonos la venda. La guerra nos tiene jodidos, pero nosotros y nuestra intolerancia nos va a hundir peor si la seguimos ignorando como lo hacemos hoy. Así que dejémonos de excusas. La Paz, como muchos dicen, no es un proceso en La Habana. 

La Paz, es la decisión que tomamos cada día cuando nos enfrentamos frente a conocidos o desconocidos difíciles de tolerar. La Paz es la decisión de hacer fila y no colarse, la decisión de no responder el mal con más mal, la decisión de actuar diferente así NADIE más lo haga. 

La Paz señores no es asunto del Gobierno o de las FARC. La Paz es lo que vamos a construir si decidimos que la tolerancia es una mejor vía que la violencia.