Tengo que matar a Isaac

No sé si todos conocen la historia de Abraham e Isaac. Abraham, era un hombre viejo, de más de 90 años, con una esposa vieja, de más de 90 años que tenían un solo sueño, tener un hijo. Es una locura hoy en día pensar que dos personas de esta edad logren concebir un hijo y vivan para contarlo.

Después de esperar más de 10 años a que la promesa se cumpliera, imagino que Abraham soñaba con todo lo que esto implicaría. Tener un hijo, jugar con él, enseñarle todo lo necesario para que tenga una gran vida en la tierra, etc. Algunos, como yo, creíamos que la promesa se cumplió rápido, que pasó máximo un año y que Abraham la esperó con paciencia, pero no fue así. No sólo tuvieron que pasar más de 10 años para que se cumpliera, sino que además Abraham en su afán por ver la promesa cumplida quiso ayudar a Dios al tener un hijo con su sierva, de ahí salió Ismael.

Pero bueno, la historia tiene un final feliz, ya que después de tanta espera, Sara por fin tuvo a Isaac, el hijo de la promesa. Yo creo que cuando uno recibe una promesa es como cuando de niños nos regalaban algo y el dicho que más se sabe un niño con respecto a los regalos es “lo que se regala no se pide”. Cuando a ti te regalan algo, ya es tuyo “para siempre”, nunca esperas que alguien (menos la persona que te lo regaló) diga “oye, devuélveme el regalo”.

Pues … pues sí… haha Dios lo hizo con Abraham. Después de la sufridera (porque esperar con paciencia es una tortura y todos lo sabemos) Abraham por fin disfrutaba de su hijo todos los días e imagino que era muy feliz. Dios le había dicho que de su hijo saldría una descendencia como las estrellas del cielo o la arena del mar, así que imagino que se sentía bastante afortunado de tener la promesa de Dios hablando y creciendo a su lado.

Pero de repente, Dios le dice que lleve a su hijo al altar y lo sacrifique … creo que cuando uno lee tantas veces la historia la pasa por alto, pero imagine si le tocara matar a su hijo, o si su papá un día de repente llegara con el cuento de que Dios quiere que lo mate… eso no es nada agradable de escuchar, ni mucho menos de obedecer. Pero Abraham conocía a su Dios, sabía que Él tenía un plan y que de su corazón brota el amor, que su hijo era su promesa y que las promesas a las que se había aferrado por años, iban a realizarse. Así que con esto en mente, salió con su hijo, dispuesto a sacrificarlo.

Tanto obedeció, que hasta lo ató y levantó el cuchillo (imaginen el trauma del pobre chino) y cuando estaba listo para matarlo, un ángel lo detuvo y le dijo que como fue obediente y fiel, no tendría que matarlo, y ya.. todos fueron felices, Dios puso un corderito para el sacrificio y todo olvidado y pues de ahí viene Israel y etc…

A mí me encantan las historias de la Biblia porque creo que yo no estoy ni cerca de ser igual de obediente que esos tipos, Dios tiene maneras muy locas de actuar y nuestro entendimiento es súper básico… pero últimamente a las malas, solo he escuchado en mi mente una frase “tienes que matar a Isaac”.

Creo que uno no entiende la gravedad o el peso de estas historias hasta que “las vive”, y es que decirle adiós a algo o alguien como un hijo no es fácil, ni si quiera es humanamente posible, uno tendría que ser un súper humano para hacerlo o tener la fe de Abraham que era … magnífica (porque obviamente Dios solo le pide eso a quien ama con su vida a su hijo, tampoco se pongan a pensar en el caso extremo del loco asesino serial).

Yo estoy súper ansiosa porque llegue el 2018, siento que a diferencia de los dos años anteriores, este año sí va a marcar un antes y un después en mi vida, siento que va a haber un cambio en varios aspectos y etapas y que quiero vivirlo ya, pero sé que no voy a vivir lo nuevo, si no dejo algunas cosas atrás, en el pasado, el el adiós.

Lo difícil del asunto es .. imagínense ustedes si el ángel no hubiera detenido a Abraham… imagínense el peso de haber matado a tu propio hijo, de perder lo que más amas por decisión propia y no poder hacer nada para recuperarlo. Así Dios le hubiera dado otro hijo a Abraham, todos sabemos que siempre estará el vacío de su hijo amado y pues el súper trauma de haberlo matado.

Si, la historia en la Biblia tiene un final feliz, pero qué pasa cuando en nuestra vida Dios nos pide que matemos a Isaac y sabemos que no va a detener el cuchillo, cuando sabemos que Dios quiere que matemos algo en nuestra vida o en nuestra mente que sabemos que no va a volver de ninguna manera (porque de eso se trata la muerte, no es “te escondo aquí y en 5 años te saco” es un adiós, para siempre… ).

Ahora, no estoy insinuando que yo vaya a matar a alguien específicamente ni que usted lo deba hacer, estoy hablando en lenguaje figurativo (después piensan que estoy confesando un homicidio acá). 

Estoy hablando de esas veces en que sabemos que debemos dejar a una persona, un lugar, un trabajo, un amigo, un pensamiento, la zona de confort, y nos hacemos los locos, porque sabemos que cuando le digamos adiós, no hay vuelta atrás, no hay forma de recuperar a Isaac cuando está muerto.

Por eso tenemos dos opciones, hacernos los locos y no obedecer y estar siempre con el lastre, la carga de lo que nos alimenta alguna necesidad o simula llenar algún vacío, pero jamás nos permitirá alcanzar lo espectacular que hay para nosotros si lo dejamos ir. O vamos muy juiciosos al monte y usamos el cuchillo sin que nadie nos detenga.

Yo sé que Jesús era perfecto, lo sé, pero lo admiro porque él literal vivió algunos de los dolores más profundos que puede vivir un ser humano porque cuando necesitaba alguien a su lado, sus “mejores amigos” lo dejaron solo y lo negaron, su papá se murió, las personas que un día le sonreían y le seguían (por puro interés obvio) después lo rechazaban y lo abandonaron, solo le faltó una tusa, porque vaya que eso duele y duele mucho.

Pero él fue Isaac, él tenía que morir por gente que no lo merece ni lo merecía (y me incluyo), él siendo perfecto, siendo buen hijo, buen amigo, consejero, etc, fue abandonado para sufrir públicamente y salvar al resto… él, no sólo tuvo el dolor de obedecer y llevar algo amado a la cruz, él se tuvo que llevar a él mismo, él hizo el sacrificio mayor mientras su padre y el resto de la tierra lo abandonaba.

Y vaya que no fue fácil, uno no lee “y Jesús fue feliz saltando y bailando de alegría a la cruz”, pero es que quién … pero lo hizo. Por eso sé que tiene toda la confianza en decirme “tienes que matar a Isaac y vas a sobrevivir para contarlo”.

Muchas veces en la vida recibimos regalos o promesas y pensamos que son para siempre, que lo que se regala no se pide y que tal vez a veces se puede prestar, pero va a regresar a nuestras manos, pero como dije, Dios actúa de formas muy locas que desafían todo lo que tenemos por dentro y una de esas es cuando tienes que matar a Isaac y sabes que no te van a detener el cuchillo.

Es una decisión, no va a venir nadie a hacerlo por ti, pero si no lo haces, no vas a disminuir el dolor, por el contrario, vas a quedar estancado en una zona de falso confort y culpa perpetua que no te permitirá avanzar ni recibir las cosas maravillosas que has soñado y que Dios tiene para ti.

Que tengas que devolver una promesa no significa que Dios es malo y que no cumple, significa que para tener un iPhone X debes dejar de usar el iPhone 6, porque hasta que no dejes a un lado, en el pasado, en el adiós a algo bueno, no podrás recibir lo mejor.

Nos vemos en el monte …

 

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¿Por qué creé Piensa Colombia?

Llevo mucho tiempo pensando en hacer el manifiesto de mi página. Aunque hablo por los codos, las ideas serias me salen mejor cuando las escribo, pero no soy buena para escribir cosas que me apasionan como un documento institucional con términos que detesto, por eso decidí desempolvar mi blog y contarles a ustedes por qué decidí hacer esto de una forma más informal y libre.

No es un secreto para ninguno de los que me conocen que yo amo la paz y el amor, literal. He apoyado el proceso de paz, no porque me parezca perfecto, ni porque sea santista, ni por nada de eso, yo he estado muy al tanto de toooodos los problemas que ha tenido la implementación y de los grandes retos que tiene nuestro país en este largo camino. Siempre lo he dicho, perfecto no iba a ser y si lo era, me parecería más preocupante, pero bueno … ese no es el tema de hoy.

El tema es que, no importa de qué lado están, debemos ser realistas y aceptar que después de los resultados del plebiscito (que fue 51% vs 49%) el país literalmente se partió a la mitad. Para mí, como ya lo he contado, ha sido uno de los días más tristes y frustrantes, y por otro lado, confirmé que no estamos en una dictadura o algo parecido… el caso.

Lo que sí pasó desde ese día, es que la polarización, que ya se venía cultivando desde muchos años atrás se fortaleció y se profundizó en nuestro país. Ahora somos bandos, así, todos los argumentos son de extremos, los unos son castrochavistas y los otros paracos y a eso se han resumido los debates, y no sé a ustedes pero a mí eso me parece súper triste.

Tras de todo (en Colombia pasa como en las caricaturas cuando dicen “y qué puede ser peor que esto?” y pasa algo peor) se destapa uno de los escándalos más grandes de corrupción en la historia. Si pudiéramos poner una luz como la de CSI para ver la sangre, pero para ver quiénes están untados…ni les cuento. Esto ha generado que la polarización se mezcle con la desconfianza en las instituciones y la incertidumbre, todo esto con un toque de desinformación y noticias falsas…. la hecatombe.

Esto me llevó a pensar que debía hacer algo, que no era posible que en nuestro país ahora te ataquen por expresar tu opinión en las redes sociales con calificativos delictivos sin ninguna fundamentación. Para mí, la guerra que está cesando en muchas partes del país se trasladó con mucha fuerza a las redes sociales. Todos estamos de acuerdo con que la guerra es devastadora, pero la violencia es violencia, no importa su tipo. La violencia física que lleva a la muerte comienza con la violencia verbal y nosotros nos estamos acostumbrando a permitir la violencia verbal como algo normal, y no, yo no estoy dispuesta a permitir eso.

Les voy a ser sincera, una noche empecé a imaginar qué haría si me ganara el Baloto y pensé en muchos proyectos de gran impacto, pero al otro día me desperté sin trabajo (les paso mi CV si quieren) y me deprimí por unos minutos. Después me puse a pensar qué de lo que soñé podría empezar sin recursos y pensé en Piensa Colombia. La tecnología es una de las herramientas más poderosas que tenemos hoy en día y, al menos en nuestro país, la podemos utilizar de forma libre para expresar nuestras opiniones.

Discutiendo con mis amigos de la universidad, hablábamos que la libertad de expresión es un derecho humano y que toda persona debería ser libre de expresar lo que sea que piense o crea, pero con este derecho hay una responsabilidad y un límite y son los derechos de los demás. Yo creo eso, que tú puedes decir lo que quieras que pienses o creas, pero de forma respetuosa y sin limitar o vulnerar los derechos de alguien más, pero debes decir lo que piensas o crees, no importa si los demás no están de acuerdo.

También escuché recientemente que de nada sirve quejarse y opinar por redes sociales porque eso no genera ningún cambio, y yo estoy 20% de acuerdo y 80% en desacuerdo. Estoy de acuerdo en que si uno se queda detrás de un teclado y no hace nada más o no motiva un cambio con lo que escribe, pues finalmente serán sólo palabras, pero estoy en desacuerdo con esto por varias razones.

La primera son los resultados del plebiscito, esos resultados mostraron que las redes sociales en Colombia tienen un poder grandísimo. Gracias a la campaña de parte y parte que se hizo por redes sociales, la información y la desinformación que corrió por las redes por parte de los actores involucrados, se generó una posición en las personas que salieron a votar, en todos nosotros, que a mi parecer refleja el 50-50 de los resultados. Segundo, porque los medios de comunicación son el poder que nadie reconoce, los medios de comunicación tienen en sus manos el poder de cambiar las perspectivas de las masas con cada cosa que publican, y al menos en Colombia eso se ha sabido aprovechar muy bien, no necesariamente para el bien, y esto lo hacen así, escribiendo, informando, dándole contenido a las redes y los medios sociales para que las personas adopten posturas frente a ciertos temas.

Sí, yo no creo en palabras que se las lleva el viento, pero sí creo que como colombianos tenemos la responsabilidad de hablar en voz alta sobre los temas que deben ser hablados en Colombia y que la violencia debe ser condenada en todas sus formas. También he sido consciente de que vivimos en un país en el que podemos hablar en voz alta y debemos luchar para no perder esa cualidad. Yo soy una mujer, de 23 años que completó su colegio, universidad y posgrado, ¿saben cuántas mujeres de los países en desarrollo pueden hacer eso, una página web como estas y vivir para contarlo? Antes me sentía como una persona súper ordinaria, hoy sé que tengo una posición privilegiada que me exige trabajar por hacer un cambio, me exige hablar en voz alta mientras pueda, me exige hablar por los que no tienen voz y me exige ser de los buenos que se levantan a hacer cosas buenas a diario.

Cuando una persona hace un gesto pequeño parece insignificante, pero cuando muchas personas hacen ese pequeño gesto, se vuelve algo gigante, enorme, imparable! Por eso, creé www.piensacolombia.com como un espacio para dialogar, opinar y construir una nueva idea de país juntos. Es una revista y un foro abierto a las opiniones de aquellos que viven este momento histórico del país y quieren aportar para construir una sociedad mejor.

Es simple, queremos que las buenas ideas sean difundidas y que los argumentos sean aportados de forma respetuosa y abierta porque sabemos que los grandes cambios comienzan con pequeños pasos. ​ Queremos que todo aquel que tenga una idea la exprese en voz alta. Comparte tus ideas sin miedo y PIENSA COLOMBIA.

Quiero que todos aquellos que quieran expresar sus opiniones frente a los temas que deben ser hablados en Colombia se sumen y difundan las ideas que deben ser difundidas. Los espero en www.piensacolombia.com.

 

Selacofobia

Hoy estoy en mood de escribir blog. No porque me haya pasado algo extraordinario como los dos anteriores, así que no esperen esa calidad. Lo hago porque al bañarme (mis mejores reflexiones suceden en la ducha, es mi lugar feliz) reflexioné sobre ciertas cosas que últimamente me han pasado y … lo decidí.

También porque me vi la película comer, rezar, amar y creo que se acaba de convertir en una de mis favoritas.

Mi reflexión es simple, a veces perdemos más por miedo a perder. Debo reconocer que el miedo, a veces es un aliado que nos impide hacer cosas por lo general estúpidas de las que nos podemos arrepentir, es como el ejemplo que siempre damos: si el niño no sabe que el fuego quema, no lo va a tocar, de lo contrario lo haría.

Yo, tengo tres fobias que me impiden hacer cosas que me gustan o que son necesarias. Dos de ellas son muy ligadas, le tengo miedo a las agujas y a la sangre, así que cada vez que me sacan sangre, me desmayo y es todo un show!

La última, para muchos es la más boba, pero déjenme recordarles que muchas de las fobias son más psicológicas que reales, así que para ustedes parecerá muy tonto, pero para mi mente… es bastante real. Mi última y gran fobia de todos los tiempos son los tiburones 🦈 se llama selacofobia🤷🏻‍♀️.

Primero, porque de hecho, si me encuentro con una cosa de esas de 4 metros o más, solo tendría que abrir la boca y yo ya no existiría. Los amo y les tengo mucho respeto, he aprendido a admirarlos y a defenderlos. Pero no hay NADA a lo que le tema más en este mundo que a eso!

Mi fobia se desarrolla en acciones que para muchos son la mayor bobada ilógica, pero que a mí … me enloquecen. Por ejemplo, no me puedo meter a una piscina sola, no puedo nadar hacia lugares donde hay sombra, no me meto al agua de noche, etc… a veces en el mar, me rodeo de personas para que se los coman a ellos primero 🌝.

Pero mi reflexión se dio a raíz de que mi elemento favorito y tal vez una de las cosas que más me encanta, es el agua. Amo bañarme, soy de las que ve una piscina y se mete hasta que la saquen, amo el mar, amo nadar, AMO EL AGUA!

En estos días que estuve de paseo hice una actividad "extrema" por primera vez y quería celebrarlo nadando en la base de una cascada, el agua era muuuuy turbia y no se veía nada, pero pues era una cascada inofensiva! Solo tuve que sumergirme para sentir el pánico más horroroso que se puedan imaginar, eso genera en mi un golpe de adrenalina que me hace nadar más rápido de lo normal y salir del agua en menos de 10 segundos! Mi fobia a los tiburones …

Hoy, viendo comer, rezar, amar recordé que eso nos pasa en la vida con otro tipo de miedos … mi mayor miedo diferente a esos que mencioné, es el miedo al fracaso, y creo que es uno de los miedos más comunes que tenemos los seres humanos. Sentimos que tenemos una lista de tareas que cumplir antes de morir y que si no las cumplimos habremos fallado por completo. En mi caso, creo que la persona que más me ha juzgado en toda mi vida, he sido yo misma y me he puesto barreras imposibles de alcanzar. Obviamente, la sociedad y nuestro círculo cercano, también nos pone esa presión, a veces expresa y a veces no. Sentimos que estamos en una competencia con nuestros pares y nuestros antepasados por ser perfectos y mejorados y pues a veces no … a veces no somos lo que todos ellos esperan.

Pero lo que pensaba hoy en la ducha es que a veces perdemos más por el miedo a perder, que por la misma realidad. Es como cuando nos rompen el corazón, si no nos damos la oportunidad de amar de nuevo, perderemos más que al menos intentando darle una segunda oportunidad al amor.

Dice el dicho que el que no arriesga no gana, y para ganar una carrera hay que correrla. Si no la corremos por miedo a perderla, será más frustrante ni siquiera haberlo intentado.

Esto claramente no me quitó el miedo a los tiburones, seguiré trabajando en superarlo. Pero sé que jamás me dejaré de meter a una piscina o al mar a pesar de mi fobia porque prefiero disfrutar las cosas que amo y no dejar de vivir la vida por miedo a perder, lo intentaré así me dé pánico.

Seguiré viviendo un día a la vez, le daré una segunda oportunidad al amor, y si fracaso, al menos tendré la tranquilidad de que lo intenté, con todas mis fuerzas lo intenté, y eso será suficiente.

Otro frailejón más 


Sí, esta soy yo más o menos a las 3:00pm de ayer (2 de julio) intentando llegar a la cima del Páramo Chingaza para ver 3 de las lagunas más sagradas de nuestros antepasados, ecosistemas que juntos proveen el 80% del agua que consumimos en Bogotá, el agua más pura del mundo. 

Todo inició a las 7:00am cuando yo peinada y linda, pero sin chaqueta, ni sombrilla, ni impermeable salí muy feliz para mí caminata ecológica. En lo único que me preparé fue llevando mis mejores tenis, que pensé, me ayudarían a llegar feliz a la cima a tomarme fotos. 

Claramente no me esperaba lo que iba a suceder …. 

Todo inició a las 11am, más o menos, cuando nuestro bus se quedó atascado a casi 5km de donde iniciaba la caminata, así que tuvimos que comenzar a caminar desde ahí mientras comenzó a lloviznar. Cuando llegamos al inicio real de la caminata le pedimos a la montaña (yo le pedí a Dios) permiso para cruzarla y disfrutar de su belleza. Esa fue una de las 2 únicas veces que salió el sol. 

Lo que yo no sabía es que Dios iba a usar esta montaña como campo de entrenamiento para mi carácter y mi situación actual. Para la mayoría de los que me conocen no es un secreto que este último año ha sido uno de los más difíciles de mi vida y a veces parece que es demasiado… 

Ya con mi pelo mojado comencé a subir la montaña muy optimista. De repente, me di cuenta que mis tenis eran el peor error pues se deslizaban en cada paso que yo daba, de subida solo me resbalaba pero no me caía, al menos no totalmente. Cada vez que me caía, me reía porque imaginaba mi caída y se veía muy chistosa en mi mente, ahí se me empezó a ensuciar toda mi ropa. 

Ya casi llegando, sí me caí de frente y después quedé como la foto del inicio. No me podía limpiar la cara porque toda mi ropa y mis manos estaban llenas de barro y comenzó a llover muy duro. 

Cuando llegué a la cima los guías dijeron “los últimos (mi mejor amigo y yo éramos los últimos de los 60 que íbamos porque yo me resbalaba cada 5 pasos) serán los primeros”. Lo decían porque las lagunas no se veían por las nubes, pero cuando llegamos, de repente las nubes se corrieron y las pudimos ver. Tal fue el fenómeno que hasta salió un arcoiris 🌈. Yo sabía que Dios estaba detrás de esto. 

Para cuando llegamos al lugar de la foto, ya se habían tapado de nuevo, pero un guía, David, me dijo “súbete a esa piedra y verás que se destapa, tienes que terminar el proceso”. Entonces me subí a la piedra y al pasar como minuto y medio se despejó el cielo de nuevo. 

Recuerdo decirle a mi amigo que esta experiencia me recordaba los campamentos de mi colegio porque cuando estábamos embarrados y adoloridos nos enseñaban a ser humildes, valientes, a seguir luchando hasta el final. Eso decidí hacer, no solo porque quería sino porque me tocaba volver al bus. Mis manos me empezaron a doler y me las tapé con la bolsa de tela que mi amigo usa para hacer mercado y emprendimos la bajada (con el diluvio) … 

Ahí empezaron las caídas de verdad, no solo no paró de llover sino que 69 personas habían subido y bajado por un sendero como de 60cm de ancho. Era tal mi resignación que cuando caía en un charco me quedaba sentada esperando a que el paramédico, también David, me ayudara a levantar. Este hombre fue la voz de Dios en esa bajada, no paraba de darme ánimo de decirme que podía lograrlo “Vamos Maria Paula, tú puedes vamos a llegar”. Solo en una de las caídas, en la que me pegué más duro, le dije “quiero llorar”, él me levantó y me dijo “vamos a llegar”.

El resto de veces… solo me reía, les decía que yo era un frailejón más, yo destilaba agua! Les decía que si iba al Bronx me camuflaría, que ellos me habían dicho que no tuviera miedo de embarrarme un poco. Tanta fue la cosa que por el radio sonaba “cómo va la niña?” Mientras David me levantaba de algún otro charco… 

No voy a exagerar, pero creo que me caí por lo menos 30 veces, cuando me bajé del bus me dolían todos los músculos de mi cuerpo y no podía casi caminar (como en este momento sigo) pero a pesar de todo esto fue una muy, muy buena experiencia porque recordé algunas de las cosas más importantes … 

El Páramo Chingaza fue mi último campo de entrenamiento para aprender que no importa cuantas veces te caigas, sí te levantas y sigues caminando vas a llegar a la meta. 

Recordé que Dios me hizo feliz, que esa felicidad se contagia y que puedes atravesar la prueba más dura y difícil pero esa prueba va a ser un infierno o solo una prueba dependiendo de tu actitud. 

Recordé que no importa si llegas de último, el bus no se va a ir sin ti. Dios siempre te esperará por más que te demores. 

Recordé que aunque las personas de tu grupo vayan adelante y te dejen sola, siempre habrá alguien, Dios siempre estará ahí para decirte “tú puedes, vamos a llegar juntos”. 

Recordé que aunque la mayoría digan “pobre niña” o te miren o te juzguen, habrá otros que te digan “te admiro porque por más que te caíste y estás totalmente emparamada, llegaste y siempre tuviste la mejor actitud”. Ignora a los que te juzgan, sigue tu camino y demuéstrate a ti mismo de lo que eres capaz. 

El Páramo Chingaza me enseñó que la prueba la hace quién la atraviesa y que no está mal caerse y embarrarse, no importa cuánto tiempo dure o cuán difícil parezca, al final llegaras a una ducha con agua caliente y a una cama cómoda con cobijas, pero solo si te levantas 31 veces, sí sigues luchando, si te ríes de ti mismo, si aprendes de cada paso, si dejas de pensar en los demás, si entiendes que no se trata de llegar de primero, de llegar limpio, de llegar seco, se trata de no rendirse y de seguir luchando hasta el final. 

Yo otra vez defendiendo a los taxistas 

Todo el que me conoce sabe que tengo un serio problema cogiendo transporte público. Yo soy de esas que prefiere la comodidad y la seguridad, antes que la rapidez, es por esto que desde hace algunos años soy una usuaria frecuente de taxi y/o Uber.

Hace como 6 meses empecé a usar Uber porque me convencieron y la verdad es que siempre me ha ido tan bien con los taxistas que para mí fue un servicio muy similar. Con la única diferencia que no me podía ir atrás porque la policía puede molestar. Recientemente, volví a usar taxi y le diré lo que recordé o he pensado:

Lo primero es que creo que el problema de transporte en Bogotá no es culpa de Peñalosa, y sin meterme a hablar de las causas estructurales, creo que Uber, ahora es parte del problema, lejos de ser la solución.

A pesar de que sé que ha sido una alternativa al desempleo por el que atraviesan algunos y una fuente adicional de dinero para otros, la ola Uber ha generado la salida constante de algunos carros a las calles bogotanas y muchas personas han comprado carro para ponerlo en Uber. Además, obviamente, la demanda ayuda un montón. En especial en estos días de intensas lluvias donde abundan las carreras con tarifa dinámica.

Y déjeme decirle que Uber tiene sus baches. Esto lo pienso porque los conductores, así como los taxistas, son seres humanos. Me tocó el que me puso Metal todo el camino, el que habló por teléfono mientras yo leía, o los que me seguían la conversación a pesar de que mi rostro dijera “no quiero hablar”. Esto, además de que muchas veces me decía que el carro estaba a 14 minutos y llegaba a los 20.

Lo segundo que recordé, es que cuando uno generaliza un gremio o un sector o un grupo, está cayendo en un error muy grave y se vuelve un poco ignorante, teniendo en cuenta la ignorancia como la ausencia o la omisión de un conocimiento. Así como está el taxista gamín, los que tienen el taxímetro adulterado, los que … también existen taxistas (muchísimos) que hacen muy bien su trabajo.

Y lo digo porque a mí, en estos casi 3 años de coger taxi, nunca me ha ido mal. Siempre le pido a Dios que me mande angeles y siempre lo hace. Ahora, con la ola Uber me encuentro con taxistas que me piden que los califique bien en la aplicación, que qué tal me pareció el servicio, que si le bajo a la música, que si cambian la emisora, que cuál es la ruta que quiero seguir. Simplemente son seres humanos intentando hacer bien su trabajo.

Sí, admito que Uber ayudó a que ellos se avisparan y mejoraran su servicio. Pero también tengo que decir que mucho antes de la ola Uber ya existían muchísimos taxistas que además de ser los mejores psicólogos y politólogos, prestaban y prestan un muy buen servicio.

Por último, yo creo que en todos los grupos hay excepciones, tal vez muchas, pero la mayoría jamás podrá hablar en el nombre de todos. Una manzana podrida no representa a las otras. Es un error calificar un gremio por lo que hemos escuchado o incluso vivido. Es tiempo de que empecemos a resaltar lo bueno en medio de todo lo malo que vemos a diario.

Padres e hijos

Para mí, las relaciones padres e hijos pueden ser de tres maneras. Están los padres e hijos que son los mejores amigos por siempre, que se confían toda su vida, los detalles de ella y que confían el uno en el otro para recibir y aceptar consejos sobre los temas más sensibles de la vida. Por otro lado, están los padres e hijos que mantienen la distancia. Son buenos padres, pero no dan la confianza a sus hijos para confiarles todo lo que hacen. Son solo padres e hijos, no amigos.

Y por último, está el odio profundo que, por lo general los hijos, tienen hacia sus padres. Por su ausencia, por incumplir promesas, por juzgar antes de escuchar, y por miles de razones más …

Yo por mi parte he intentado mantener una relación del primer tipo con mis papás. Y ha sido bueno. No obstante, últimamente he pensado en la responsabilidad que tienen los padres al responder a las situaciones más sensibles de sus hijos.

Esto lo empecé a pensar antes de consumir, literalmente, en una semana, la serie 13 Reasons Why, en donde una adolescente deja 13 grabaciones explicando sus razones para tomar una decisión que nadie debería tomar en su vida, la de quitársela.

Hoy precisamente, después de ver algunas cifras del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses y ver las cifras del 2015, no solo me alarmé, sino que confirmé que ese dicho que dicen por ahí es muy cierto “los platos sucios, se lavan en casa”. Porque si vemos estas cifras, los platos sucios, están en casa (y bien sucios sí están).

Veamos un poco. Durante el año 2015 se produjeron en Colombia 2.068 suicidios. La mayor cantidad de casos está en los jóvenes entre los 15 y los 29 años, es decir jóvenes adolescentes, universitarios y profesionales recién egresados, o tal vez… jóvenes que querían ser universitarios y recién egresados y no lo lograron. Frente a esto el informe explica que “con respecto a la escolaridad predomina el bajo nivel de formación académica, más de la mitad (56,21%) de las víctimas solo cursaron educación preescolar y básica primaria; fue escasa la participación de muertes autoinflingidas en personas con formación universitaria (7,49%)

Otra cifra, dice que en el mismo año hubo 26.985 casos de violencia intrafamiliar, de los cuales 10.435 casos fueron por violencia contra niños, niñas y adolescentes. Casi el 70% de los casos fueron por violencia de los padres/madres hacia los hijos y el 70% de los casos se produjeron en casa. Y qué decir de los delitos sexuales, de las 22.155 valoraciones por presunto delito sexual registrados durante el año 2015, el 85% de las víctimas fueron mujeres y el promedio de edad de la violación está en 12 años.

Estas cifras dejan muchísimas conclusiones. Pero también muchas preguntas como ¿qué rayos nos está pasando como sociedad? ¿por qué nuestros jóvenes prefieren quitarse a vida, antes que seguir intentándolo? Y más allá de la Ballena Azul, me parece interesante que este sea “el año de moda” del tema del suicidio.

A mí me parece más una advertencia de que estamos perdiendo a nuestros jóvenes y niños, vemos cómo los perdemos delante de nuestros ojos y lo que hacemos es cerrarlos. Hubo algo de 13RW que me impactó y es que ella decía “algunos de ustedes hicieron cosas que me motivaron a hacer lo que hice, otros tenían la oportunidad de hacerme cambiar de opinión pero no hicieron nada“. Yo tengo pánico de ser de las que ve señales de alerta y las ignora.

Y lo que me motivó a hacer este post fueron dos razones. La primera que al ser una joven semi universitaria, profesional, recién egresada, he lidiado con el temor más grande de la mayoría de los jóvenes de este mundo, el temor al fracaso. En todo sentido, a no terminar la universidad, a no conseguir trabajo, a quedarme sola para siempre (porque sí, tenemos 20 y pensamos esto y mucho), a fallarle a mi familia, a mis amigos, a mí, etc. Pero últimamente, también he sentido que a pesar de que consigas todo esto, la presión es la misma. Si no puedes entrar a estudiar una carrera puedes llegar a sentir que no serás nadie en la vida, si lo logras y entras, puedes sentir que tal vez no sea lo que debiste estudiar, si lo es y la culminas, tienes miedo de no encontrar algo que te haga feliz o que tal vez no serás tan buen profesional como los que estudiaron y se graduaron contigo… El caso. Sea cual sea la situación, como jóvenes experimentamos una presión constante de pensar “qué tal que fracase” que por momentos, nos domina.

Creanme, en esta edad, en la que estás dando los pasos cruciales para definir lo que será tu futuro, hasta los pasos correctos se van a sentir inseguros. Sientes, que cada cosa que haces o dejas de hacer es como dar un paso en medio de un río que estaba congelado pero que está a punto de correr libre otra vez y tú estás en el medio.

Pero esto es algo de lo que uno como joven debe ser consciente, porque la batalla en la mente la debe ganar uno, nadie más lo va a hacer por ti. Por esto, es necesario definir qué cosas, por pequeñas que parezcan te motivan a seguir adelante, aceptar las derrotas, pero celebrar y recordar constantemente los triunfos y sobretodo, tener claro que nadie en este mundo es perfecto ni tiene una vida perfecta, por más que sus redes sociales digan lo contrario. Por esto mi consejo es no te compares, vive tu vida y vívela lo mejor que puedas y rodéate de personas que te hagan crecer, que te digan lo que necesitas escuchar y que te pongan atención, cuando lo necesites (sí, sí existen).

Pero la segunda razón, y la principal por la cual escribo esto es por la responsabilidad tan inmensa que creo tienen los padres de las decisiones que toman sus hijos. Si un padre o madre está leyendo esto, quiero explicarle, desde mi perspectiva claro, lo que yo creo que sucede en el cerebro de un joven promedio. Resulta que cuando uno se vuelve adolescente y conforme uno crece, se vuelve mayor de edad y empieza a experimentar “el mundo real” por sí mismo, pues nosotros pensamos que las decisiones que decidamos  (sí es redundante pero así es) tomar por nuestra cuenta son las que definirán nuestro destino, es por eso que evitamos que otros (por lo general ustedes) tomen decisiones por nosotros. A veces (muchas) tomamos las decisiones basados en su consejo, pero por lo general no nos entusiasma que ustedes lo sepan porque queremos pensar que es una decisión nuestra, no suya.

Conforme crecemos, comprendemos que a menos de que cometamos nuestros propios errores no aprenderemos a seguir el camino correcto. Porque si uno se basa en lo que le cuentan puede salvarse de una experiencia terrible o perderse una de las mejores de su vida. Por eso muchas veces no abrimos nuestro corazón para que ustedes opinen, porque sabemos que habrá ocasiones donde puede que reaccionen mal.

Si su hijo/a le pide consejos… usted es un padre en exceso afortunado y tiene una responsabilidad inmensa porque su respuesta puede desencadenar un montón de acciones buenas o malas por parte de su hijo. Si por el contrario, jamás le piden consejos pregúntese qué pasó la última vez que mi hijo/a me pidió un consejo, por qué razón no confía en mí de esa manera y tal vez eso lo guiará a la respuesta.

Yo tengo muchos amigos y amigas (dije muchos por mantener el anonimato pero no tengo tantos) que le mienten a sus papás cuando tienen planes que saben que sus papás no consideran adecuados. Como en la serie de 13RW hay muchos papás que creen que sus hijos son la mejor maravilla y que cada 8 días se quedan en la casa de Pepita a hacer el trabajo de … lo que sea. Y pues sí, hay hijos así, pero también hay otros que no. Hay papás que no tienen la menor idea de lo que hacen sus hijos porque suponen que son perfectos o porque sus hijos no tienen confianza en ellos para decirles lo que hacen o porque simplemente viven en su mundo y ni se molestan en preguntar.

Esta etapa nuestra es muy rara porque no queremos (en serio no queremos) que se metan en nuestras vidas. Porque en esta etapa empezamos a comprender eso, que es nuestra vida y que lo que pase ahora con ella nos compete a nosotros. Pero los necesitamos, son nuestros papás y siempre serán los mejores consejeros.

En conclusión (el artículo más largo) lo que quiero decir es, no queremos que nos celebren nuestros errores, no queremos que nos dejen botar por el barranco, o que nos feliciten por equivocarnos. Pero tampoco queremos que armen un drama y una escena, que nos echen de la casa, que nos saquen los trapitos al sol, o lo demás que se les ocurra cuando saben que hemos decidido tomar una decisión que es un error. Queremos que nos aconsejen, que nos adviertan, que nos guíen, que nos protejan, que sean nuestros padres (aunque nuestra actitud diga lo contrario), que nos cuiden, etc, pero también queremos que confíen en nosotros.

Por eso, piénselo dos veces antes de reaccionar frente a una decisión o un consejo que le pida su hijo, vea las señales de alerta, nadie es feliz solo en un cuarto oscuro las 24 horas viendo Netflix. Y a los hijos, démosle otra oportunidad a nuestros papás, a veces nos pueden evitar tragos amargos o nos pueden mostrar que de hecho confían en nosotros. Finalmente, como dice el slogan de este blog “todo va a salir bien, siempre sale bien”.

Don Gilberto

Él se llama Gilberto, nunca lo había visto antes y creo que jamás lo volveré a ver, pero si de algo estoy segura es de que jamás lo olvidaré.

Hoy, regresando de la ciclovía a unas pocas cuadras de mi casa, bajando un puente peatonal en mi bici un personaje se abrió en su bici de forma imprudente y yo, por no estrellarme con él, me corrí y me estrellé de frente con un bolardo en forma de cubo que brillantemente está ubicado al terminar el puente. Hoy, supe lo que se siente volar por un segundo, pero también lo que se siente estar cerca de la muerte.

Yo sé, lo sé, soy suuuuuuuuper exagerada, pero cuando dejé de volar, caí con toda la fuerza en el piso y por la velocidad no alcancé a reaccionar y mi pecho sufrió todo el impacto. Me ahogué, como nunca, no podía respirar y pensé por un momento “me voy a morir”. Pero saben una cosa? Dios me ama, y me cuida a pesar de mí y de mis errores. En ese preciso momento, una ambulancia pasó al lado, frenó en seco y los paramédicos salieron a mi rescate, lo único que pude decir cuando los vi fue “ayuda, ayúdenme”.

Eran tres, dos hombres y una mujer, el jefe me sostuvo y le dije “me voy a desmayar” y me respondió “tranquila, no te vas a desmayar, respira despacio”… cuando me desperté, lo primero que le dije fue “les dije que me iba a desmayar”. Estaba en shock, busqué mi celular y mi bicicleta, verifiqué que mis dientes siguieran en mi boca y volví a sentir que me iba y le dije “me voy a desmayar otra vez” él respondió lo mismo y cuando desperté le dije “les dije que me iba a desmayar otra vez”.

Después de algunos minutos mi pecho se abrió, pude respirar de nuevo, mi vista se mejoró y me dieron alcohol para oler en un pañito y una aromática en un envase plástico de jugo hit de mango. Fue más el shock que el golpe, aunque cuando mi cuerpo se empezó a enfriar me di cuenta que pudo haber sido mucho peor (me duele todo).

Pero no cuento esta historia para que me llame a saber cómo estoy, estoy bien, muy bien. Lo cuento porque quiero decir que Dios me ama, y no solo lo hace, lo demuestra. Él me ama aunque no lo merezca. Hoy no fue un código o una señal, fue una acción. La ambulancia pasó justo a mi lado y no sé qué hubiera sido de mí sin esos 3 paramédicos. Me pegué en el corazón y no podía respirar, y ellos, los que saben, acudieron desinteresadamente a ayudarme y me salvaron.

El man imprudente que me hizo caer, siguió su camino, no le importó nada! Así hubiera sido mi culpa, ni siquiera se detuvo para ayudarme a levantar, él siguió su vida mirando su ombligo.

Pero hubo alguien que sí se detuvo, Gilberto, él iba de afán camino a trabajar, pero se detuvo, cuidó mi bicicleta y espero a que me recuperara completamente. Yo insistía en que no llamaran a nadie porque estaba a pocas cuadras de mi casa y que iba a ser mayor el susto que cualquier otra cosa. Que yo me iba caminando. El debate duró varios minutos pero insistí, yo me iba a ir caminando.

Gilberto, fue más allá y de forma desinteresada y genuina me dijo “yo la acompaño hasta la puerta de su casa”. Me llevó mi bicicleta, se desvió de su camino, habló conmigo y me contó la historia de un accidente que tuvo en su bicicleta. Se rehusó a dejarme cerca a mi casa, me acompañó hasta mi portería y se fue. En el camino me dijo “cuándo nos volveremos a ver usted y yo? Nunca! Yo creo”.

Él es Gilberto. No sé cómo sea su vida, cómo sea en su casa, no sé qué haya pasado o hecho desde que nació hasta el día de hoy. Pero hoy, Gilberto me dio una lección de vida y jamás lo olvidaré. Él me ayudó sin conocerme, sin esperar nada, él dio más de lo que debía, él dio y no recibió. Él hizo lo que dice la Biblia, dar sin que nadie te vea, sin que nadie te lo pida, pero sé que va a pasar lo que también dice la Biblia. Él dio en secreto y será recompensado en público.

Por eso hoy le dije “no tengo nada que darle, pero estará en mis oraciones todos los días” y espero, que también en las oraciones de los que lean esto. Que en 5 minutos o menos le deseen a Gilberto lo mejor del cielo y de la tierra porque se lo merece. Alguien que da sin esperar nada a cambio, ni siquiera el reconocimiento, merece todo.

Hoy Gilberto cambió y salvó mi vida. Hoy Gilberto me enseñó algo que jamás olvidaré. Hoy Gilberto, fue el ángel que yo necesitaba y que Dios me mandó. Por eso hoy espero que Gilberto reciba lo mejor del cielo y de la tierra. Hoy le doy las gracias Gilberto, un millón de gracias.

“los que saben”

Bueno hoy 18 de enero de 2012 es un día loco, yo sé y digo que este siglo tiene ganas de tener más protagonismo que el siglo anterior.

Petro es el alcalde y Santos el presidente, la guerra vuelve a furor con las FARC y los “Urabeños”, se está impulsando la Ley SOPA para “proteger” los derechos de autor, pero está va a censurar todo como un país comunista, y yo casi me estrello.

Se supone que este año se acaba el mundo y como vamos no creo que sea por los mayas sino por los mismos humanos, ay nonono.

Hoy tuve la tercera clase de manejo de toda mi vida. La primera fu como a los doce años con mi mamá afuera del conjunto, aprendí a prender el carro y a arrancarlo.

La segunda fue hace unos años con mi papá y casi todas mis primas en Garzón, Huila, Colombia (por si acaso). (antes de relatarles mi clase de hoy, voy a relatarles lo que pasó ese 2 de enero de 2000 algo)

era un 2 de enero, eso lo recuerdo perfectamente, en la mañana tarde fuimos a un lugar retiradito en Garzón, éramos mi papá, dos primas, mi hermana mayor y yo aprendiendo a manejar.

El lugar tenía una vista a las piedras que recubren la montaña que da a un río que no se ni como se llamara, el caso es que estábamos toteados de la risa hahaha, y nos fuimos a almorzar a la casa, no se bien como fue la información pero mientras mis primas, mi hermana y yo fuimos a alquilar película, mi papá y mis tíos se fueron.

alquilamos una re contra porquería de película de terror japonesa. (cara de decepción) SI USTED SE AMA Y ESTÁ EN COMPLETO USO DE SUS CINCO SENTIDOS, O AL MENOS DE SU CORDURA NO VEA PELICULAS DE TERROR JAPONESAS O CHINAS NOOOOO.

ya, era un desahogue, el caso es que dure los tres meses siguientes sin poder dormir y como los tres años siguientes teniendo recuerdos en la noche, necesité ministraciones, de todo. que porquería de película.

Después de verla 😀 llega mi papá y mis tíos súper angustiados a contarnos que un vecino como de 20 años o menos estaba desaparecido en el río.

Yo estaba traumada por la película que acababa de ver y van y me dicen que a unos metros de donde yo ese día había estado aprendiendo a manejar se ahoga un joven. El resto de las vacaciones fueron incomodas pues dormir no podía y en mi familia crecía la preocupación por la familia vecina.

y bueno, esa fue la segunda vez que manejé.

Hoy fue distinto, salí con mi papá mas o menos temprano y aprendí mucho mas, en esa segunda vez llegué hasta segunda pero el carro se me apagaba mucho, hoy llegué hasta quinta, di curvas pase carros, ay no, fue muy divertido. solo que casi me estrello.

De ahí el titulo de este día de mi vida, resulta que voy feliz y campante manejando, lalalalalalaa, cuando dos taxistas se han parqueado en una curva a hablar, uno estaba en la otra acera y el otro estaba atravesado en la mía, intente voltear y al pánico mi papá me dijo “FRENA!” y frene, como a 20cm de uno de los taxis.

Mi susto fue catastrófico y le dije a mi papá que cambiáramos porque por lógicas razones no sabía que hacer y no iba a salir de ahí por mi sola. Cambiamos y el taxista menso va y dice “ay pasa” bruto menso ese, sí ahí pasaba un policía para ponerle un  buen parte por atravesado.

Mi papá si le dijo que ahí pasaba alguien que supiera manejar, y que entendiera que son dos personas “que saben” y decidieron ponerse a charlar de la economía mundial en medio de la calle, (bueno lo de la economía no lo dijo pero yo lo pienso haha) el caso es que en unas cuadras de conjunto, donde se supone que no se dan infracciones, pues fíjese que vi que “los que saben” no es que sepan de a mucho.

Claro como todos ellos ya sabían manejar pues parqueaban donde caían, tapaban la visibilidad en la salida de carros de los conjuntos, no ponían ni direccionales ni estacionarias, nada.

Eso pasa también por la falta de cultura ciudadana, todos quieren pasar primero, llegar primero hacer primero yo, segundo yo, tercero yo y después yo y de último yo. no se si me di a entender.

Pero bueno, de todo se aprende.

Ese hasta ahora es mi día de hoy en el cual la Registraduria me dice que mi cedula ya está lista y mañana seré oficialmente mayor de edad en mi país, con documento en mano.

•26.09.2016•

Todo el que me conoce sabe que este es y será uno de los mejores días de toda mi vida. He seguido este proceso de cerca y poder estar aquí hoy es un sueño cumplido. 

Sé que alrededor de este proceso hay todo tipo de opiniones y yo, personalmente, no soy quién para dar una. Simplemente porque yo no he vivido un solo día de la guerra o algo que se le parezca. Lo he tenido todo en la vida y más. 

Pero lo que me asombra es que este proceso es la esperanza de muchos colombianos y colombianas, que a diferencia mía, no solo han vivido la guerra sino que la han sufrido y la guerra les ha quitado mucho y en algunos casos, todo. Pero lo que me sorprende es que más allá de buscar a estos personajes en videos o leer sus historias en libros, mi trabajo me ha permitido conocer a muchos de ellos de frente, personas de carne y hueso que a pesar de haber vivido la guerra prefieren apoyar la paz, esta paz, por imperfecta que sea. 

Hoy es el inicio de más retos que cualquier otra cosa, hoy es el inicio de lo que podría ser una nueva historia en este país. Hoy estoy aquí sabiendo que esta firma no significa que todo a partir de mañana va a ser perfecto, todo lo contrario. 

Hoy estoy aquí para ratificar mi compromiso de construir un nuevo y mejor país, que no me asusta que otros colombianos, como yo, vuelvan a tener una vida y una familia, que me esperanza saber que muchos hoy dejarán de tener miedo y que quiero ser parte de esos que están dispuestos a poner sus manos para cambiar las cosas. 

Hoy, desde aquí, desde el lugar privilegiado que siempre he tenido, lejos de la guerra, invito a todos los que están en mi posición a que no piensen solo en ustedes, que pase lo que pase seguirán viendo la guerra por televisión, sino en aquellos que no conocen un país en paz. 

Es nuestra oportunidad de levantar una generación para la cual la guerra no sea un estado natural. Hoy, tenemos la oportunidad de levantar una generación que prefiera el perdón y la reconciliación sobre las armas. Y solo depende de nosotros hacerlo. 

Por eso hoy le digo #AdiósALaGuerra y #SíALaPaz 

Ay el amor … 

El amor es el tema del que más hablo últimamente. No sé si es mi edad o mi estado civil o mi círculo social, pero siempre terminamos hablando del amor. 

Últimamente, he visto también, muchas parejas que no se aman ni están enamoradas, y no piensen que son parejas adultas de las que generalmente se cree que están juntas por el mero compromiso y costumbre, no. He visto parejas jóvenes, de novios, en transmilenio, en la calle, en general, que están pero no están. 

Hace algunos días puse un tweet que decía “una cosa es enamorarse, otra que se enamoren de uno y otra muy diferente es que pasen las dos cosas al tiempo” y creo que cada día confirmo más ese pensamiento. 

Pero lo que realmente pienso de todo esto es que tanto hombres como mujeres, hoy en día, nos hemos dejado llevar por la perfección del amor, que en realidad existe, pero no como la esperamos. Me explico… La mayoría esperamos a la pareja perfecta (en todo sentido) que aparezca un día y sepamos “esa o ese es”. 

A veces pasa, historias existen, pero no son muy comunes. Otros, deciden ir por una vía que para mí es mucho más dañina y es “probar la mercancía”, como dicen por ahí. Muchos se cuadran “a ver qué..” Y esas son las relaciones en las que uno de los dos está súper tragado y el otro lo intenta, o que se cuadran porque “no hay nadie más” o porque hay un gusto y “vamos a probar” y después de haber intercambiado sentimientos y emociones por algún tiempo, los sigue uniendo, el mero compromiso y costumbre. (No es la regla general, pero ocurre y mucho)

Yo, soy una fiel creyente del amor, algunos dicen que estoy buscando mi hombre ideal en el 2% de la población y que soy de las primeras, que espera un hombre perfecto de repente. Pero, es porque creo que el amor sí puede ser perfecto, pero no las personas. Algunos confunden la claridad con la exigencia y es porque saben que el día en que yo me cuadre lo haré por amor y no por resignación o por “prueba y error”. 

Yo creo que sí existen parejas que están destinadas a estar juntas y lo entendieron. También creo que una relación no debe medirse por cuánto dá cada uno, y creo que el amor perfecto se puede y debe darse entre personas imperfectas. Creo que el amor consiste en amar los defectos y las virtudes y de estar con esa persona que te hace sentir que cumplirás tus sueños y los suyos y serán felices. Sé que no todo es perfecto, que hay desacuerdos y peleas, pero sé que es más llevadero cuando hay amor y no cuando hay frustración o resignación o peor… Un mero gusto que lleva a la costumbre. 

En conclusión, el amor es lo que cada persona concibe de él. Siempre se hablará de él, pero creo que nadie podrá algún día entender la fórmula perfecta. Solo resta esperar a que todos podamos ser felices y comamos perdices.